Andrés Caicedo
A
continuación, te presento dos cuentos maravillosos de Andrés Caicedo (Cali,
Colombia, 1951–1977), considerado uno de los escritores más originales de la
literatura colombiana: “Mi cuerpo es una celda” y “Vacío”.
También presento sus resúmenes y significados, y si quieres escucharlos
en formato audiolibro, puedes hacerlo en mi canal de YouTube.
La vida de Andrés Caicedo fue un destello breve, pero encendido con una intensidad que pocos pueden sostener. Él mismo decidió detener su camino, quizá para poner fin a un sufrimiento que le ardía por dentro.
Es que, a veces, quienes cargan dolores que desbordan el alma son también quienes dejan las páginas más luminosas, aquellas que revelan una sensibilidad fuera del tiempo y ajena al ruido del mundo. Hoy me gustaría compartir contigo la carta que Caicedo escribió a su madre antes de despedirse.
Mamacita:
Cali, 1975.
Un
día tú me prometiste que cualquier cosa que yo hiciera, tú la comprenderías y
me darías la razón. Por favor, trata de entender mi muerte. Yo no estaba hecho
para vivir más tiempo. Estoy enormemente cansado, decepcionado y triste, y
estoy seguro de que cada día que pase, cada una de estas sensaciones o
sentimientos me irán matando lentamente. Entonces prefiero acabar de una vez.
De
ti no guardo más que cariño y dulzura. Has sido la mejor madre del mundo y yo
soy el que te pierdo, pero mi acto no es derrota. Tengo todas las de ganar,
porque estoy convencido de que no me queda otra salida. Nací con la muerte
adentro y lo único que hago es sacármela para dejar de pensar y quedar
tranquilo.
…Acuérdate
solamente de mí. Yo muero porque ya para cumplir 24 años soy un anacronismo y
un sinsentido, y porque desde que cumplí 21 vengo sin entender el mundo. Soy
incapaz ante las relaciones de dinero y las relaciones de influencias, y no
puedo resistir el amor: es algo mucho más fuerte que todas mis fuerzas, y me
las ha desbaratado.
Resumen y significado de los dos cuentos de Andrés Caicedo
En Mi cuerpo es una celda, Andrés Caicedo nos muestra a un joven lejos de su hogar, atrapado en la nostalgia y el desarraigo. Al despertar en Los Ángeles, descubre que la distancia y el éxito profesional no pueden llenar la carencia afectiva de un amor infantil perdido: el cuidado y la seguridad que solo su madre pudo darle cuando era niño. Desde una perspectiva psicológica, el cuento revela cómo la tensión entre el niño interior que aún necesita protección y el adulto que debe enfrentar la vida convierte al narrador en prisionero de sus propios deseos y carencias. Caicedo captura con intensidad la lucha interna de quienes cargan heridas de apego, mostrando cómo la independencia y los logros no borran el vacío emocional que persiste frente a la ausencia de afecto profundo.
En Vacío, Andrés Caicedo expone la conciencia torturada de un narrador atrapado entre el sentimiento de fracaso personal y la imposibilidad de encajar en los mundos que lo rodean: la familia que lo percibe como un hijo inútil, la ciudad que se le presenta hostil y deshabitada, y su propia mente, que lo golpea con una violencia implacable. A lo largo del relato, el personaje se examina con brutal honestidad: sus obras tempranas, su dificultad para comunicarse, sus vergüenzas amorosas; y comprende que su dolor no surge solo de fracasos concretos, sino de una fractura más profunda: la imposibilidad de crecer sin perder la ternura que alguna vez recibió y la voz que anhela tener. Su paseo nocturno por una Cali vacía refleja su mundo interior: incluso el encuentro con Angelita, cargado de deseo y esperanza, no logra disipar la sensación de desamparo. Así, el texto revela que el verdadero vacío no está en la ciudad ni en las circunstancias externas, sino en un yo que busca desesperadamente un espacio donde no sentirse perdido, una conciencia que late entre nostalgia, impotencia y deseo de pertenencia.
Mi cuerpo es una celda
La
despertada es la peor hora para la nostalgia. En esta semana me he acostado a
dormir agradeciendo que tengo un cuarto y una buena cama, pero en las últimas
dos noches me duermo con un poco de miedo de lo que voy a sentir al otro día,
cuando me despierte, y vea que no estoy en casa y que a lo que he venido aquí a
esta tierra, a Los Ángeles, a vender un guión, tal vez no sea posible
realizarlo.... Este sábado había planeado escribir la sinopsis de ambos
guiones y llevárselas a mostrar al cubano. Me eché en el sofá y dormí unas dos
horas, inquieto. Mejor no lo hubiera hecho, porque me desperté en medio de un
infierno. ¿Por qué es este sufrimiento? ¿Por qué esta falta que me hace mi
madre si sé que cuando regrese a Cali y la vea, igual voy a seguir con la misma
ausencia? Entonces es sencillamente una organización de datos para elaborar el
sufrimiento, porque lo que pretendo, no es una madre que vive en Cali,
Colombia, a una inmensa distancia de aquí, sino una madre que no tendré nunca,
una madre que sólo pudo trabajar bien en su cuidado y su ternura cuando yo era
un niño y aún no tenía razones para oponerme, cuando no era sino debilidad y
necesidad y una cosa chiquita. Ahora no soy más un niño. Soy una cosa
grande con la misma necesidad y peor debilidad.... Pero ya no tendré más
el cuidado de mi madre, ya una parte de mí, mi razón, mi cordura, se opone a
ella. Por eso es que me ataca esta nostalgia de un estado imposible: desear no
haber crecido nunca y haberla seguido viendo sólo como la persona que me
cuidaba y me daba la única compañía que me servía. He crecido tan duro y tan
malo y con tantas cucarachas en la cabeza. Y no se pudo poner a una distancia
correcta con mi crecimiento, ¿por qué si me cuidaba cuando chiquito, por qué no
quiso cuidarme mi pensamiento modificando su mismo pensamiento? ¿Por qué
no saber que mi pensamiento no está a gusto con el de los demás, con la gente
fuera de su dominio, que no estaría a gusto con ella? ¿Qué es lo que yo
necesito entonces? ¿Qué es lo que tengo que hacer?
Vacío
Me
desperté esta tarde sintiéndome nada más que una cosa sufriente y dolorosa y
echando gotas. Es la conciencia del fracaso la que no me deja en paz. Digo,
¿considero un fracaso haber venido acá y no haber vendido nada? ¿Considero un
fracaso no poder regresar ya, ahora, cuando quiero estar allá y pienso en lo
que podré hacer allá, y resuelvo: me encerraría en un cuarto, y esperar la hora
de cada comida y ser servido por la sirvienta, a la que detesto por servirme y
por gustarle servir, y conversar en la mesa con mis padres o si no oírlos
conversar de lo que para mí no tiene ningún sentido, nosotros tres, los dos
viejos y el hijo hombre que nunca creció, nunca consiguió mujer y envejeció
antes de cumplir los 20 años. El hijo que escribió el grueso de su producción
cuando aún su mente no estaba formada, ni tenía suficientes referencias para
que pudiera escribir lo que se dice buena literatura. El grueso de su
producción fue compuesta entre los 15 y los 17 años. Dirigió cinco obras de
teatro, escribió seis. Trató de actuar y nunca pudo porque hablar no puede, no
sabe hablar, es mudo como un niño. Ahora, buscando una nueva posición para
acomodar mejor su angustia, trató de sacar la misma frase que venía pensando, a
martillazos, hasta que ya lo estaba enloqueciendo, era la misma frase hace por
lo menos diez minutos de pena doliente, y sintiendo adentro un punzar y una
quebrazón de espejos exclamó: ¿qué es lo que ha sido mi vida? Y se avergonzó
ante lo ridículas que le habían salido las palabras, como si alguien hubiera
estado presente para sentir incomodidad por ellas, para censurarlo. Como
aquella vez en la que tirado en una mesa de arquitectura, inventé una historia
llena de verde, de campos verdes, delante de Luz Ángela, que escuchaba, y
hablando, como lo hice arriba, en tercera persona, dije: “Por qué Andrés
siempre está tan solo?”. Lo dije para conmoverla y ella no dijo nada, jamás
dijo nunca nada. Ese hecho ha pasado a ser uno de los que engrosa la bolsa
negra, la bolsa de alquitrán en donde guardo los sucesos insoportables de mi
vergüenza. Fue como si ella me estuviera escuchando, sí, y yo cambié de
posición, había dicho aquella frase tirado en la alfombra y más bien me paré y
me acurruqué en el sofá pensando en mi regreso a Cali, como digo, podría
encerrarme en el cuarto y matar de la pena a mi madre. Para que me digan, como
me dijeron: «Tienes que pensar en que nosotros ya estamos viejos». Es decir, ya
no tenemos por qué presenciar las locuras de niño, anda y te buscas una vida,
sé como tus hermanas, cásate, procrea, sé útil a la sociedad. Ellos nunca me
han tomado en serio una vez que fui creciendo y fui descubriendo los motivos
por los cuales tenía que rechazar su cuidado, ese que ahora no digamos
necesito, ese que ahora añoro porque en él está la clave de cómo comencé a
perderme; nunca han tomado en serio mis escritos.
A
lo mejor no he debido estarme tanto tiempo en la casa de Angelita porque cuando
Salí todo estaba vacío. Casi que me vuelvo para atrás. Voltié la cara y ella me
estaba diciendo adiós desde la ventana. Por primera vez estuvimos juntos más de
una hora. Nos amamos por primera vez. Ella me dijo adiós desde la
ventana. Yo no podía regresar. Yo tenía que irme. Le sonreí a su cara que salía
por la ventana y empecé a caminar toc toc toc por el pavimento
resquebrajado. Me había metido las manos a los bolsillos. Recorrí muy despacio
su calle. Los sauces que crecen a lada y lado y la iluminación de mercurio.
Todo eso vacío. No podía regresar. Sus papás no demoraban en llegar y quien
sabe si con un hermano. Yo no quiero morir tan joven. Vacía la esquina de
la casa de Angelita Y la luna llena. Esa luna llena que se está llenando desde
hace cuatro días y hoy es cuando está más llena. Hoy es la noche del
peligro mano.
Vacío
Sears cuando pasé por allí. No estaban ni siquiera los vigilantes que cargan
escopeta y que le tiran de una al primero que venga a robarle algo a lo que los
gringos tienen en Sears. Vacía toda la Avenida Estación pero yo cerré bien los
puños dentro de los bolsillos y caminé por la mitad de la calle. Echando ojo a
cada sombra a cada casa a cada raya. Cuando paso por aquí de día y todo
eso. Siempre pienso en Angelita. Desde la Avenida Estación se ve su casa. La
parte de atrás de su casa. Y cuando paso por aquí de día y hay sol y todo eso y
la gente que pulula. Pienso por qué no ir donde Angelita. Tocar a la puerta.
Preguntar por ella. Por qué no. Qué tiene eso de malo. Pase por detrás de su
casa Y pensé en ella. Me la imagine ya casi dormida, abrazando una de las
almohadas pensando En mí, Pensando en mañana cuando se levantara y me
llamara por teléfono y yo le contestara, todo eso, contarle que cuando
Salí de su casa la calle estaba vacía y que me había dado miedo al principio
pero después no, por algo es uno alumno de sexto del colegio san Juan
Berchmans. Desde donde yo estaba mirando se veían la ventana de sus papás y la
del cuarto de las mantecas y las cortinas de la sala. Me hubiera gustado
treparme al techo, Caminar hasta su cuarto y despertarla de un beso en mejilla
juntarle mi cara, respirarle en las orejas, preguntarle por mi, que si me ha
pensado mucho, me hubiera gustado eso, Tal vez si no hubiera salido tan tarde
de su casa, no me hubiera encontrado esta calle tan vacía, caminé despacio hasta
Deiri Frost. Vacío Deiri Frost allí donde uno se aparece cualquier día y
se encuentra con los muchachos. Con Pedro Y con pablo y chucho y Jacinto y
José, toda la gente, y eso es que le preguntan a uno que para dónde va y uno
contesta para ver a donde es que lo invitan, y allí de una le plantean
onda, con cualquier par de hembras, cosas así, cualquier día, pero de
día, ahora el Deiri Frost. Estaba vacío, me arrimé bien a los vidrios para ver
si veía al gringo que prepara los helados pero nada, todo vacío, si me
encontrara con alguien, por qué n, con tantos amigos que tiene uno en Cali, Por
qué no, me senté un rato en el muro del Deiri Frost esperando a que pasara
alguien conocido, Han debido pasar como veinte minutos y no pasó nadie, Ni
siquiera Un taxi, Nada y esa luna llena… me paré del muro y caminé hacia
arriba, por la Avenida sexta hasta que llegue a mi casa. Vacía la fuente, vacía
la bomba, vacío Oasis, allí donde yo conocí a Angelita,
Otro cuento emblemático
Si
te gustan los cuentos, te recomiendo La luz es como el agua de
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.