Margaret Atwood
Hace
apenas unos días, Margaret Atwood fue galardonada con el III Premio
Internacional Joan Margarit de Poesía. Durante la entrega, se pronunció unas
palabras que resonaron profundamente en mí y que hoy quiero compartir con vosotros:
"Gracias por enseñar a la sociedad a leer mejor, a leer nuestro
tiempo, a leer nuestras sociedades y a leernos a nosotros mismos".
Esa es precisamente la esencia que busco cultivar en este espacio: entender la literatura como un espejo donde descubrir nuestra propia naturaleza y la de aquello que nos rodea, guiados por la voz de los grandes maestros. El reciente reconocimiento a Margaret Atwood con el Premio Joan Margarit ha sido la chispa que me motivó a traer este relato.
Siempre
he sentido una profunda admiración por su capacidad de disección social; en
obras como El cuento de la criada, Atwood demuestra matices
brillantes que van mucho más allá del rol de la mujer, alzándose como una
crítica feroz y necesaria a las derivas de la política actual. Por eso, hoy
quiero que exploremos juntos su faceta más breve pero igualmente punzante en 'Finales
Felices', donde su lucidez vuelve a ponernos frente al espejo.
En
este relato, Margaret Atwood despliega un ingenioso juego literario que
disecciona la anatomía de las historias de amor y la inevitabilidad del destino
humano. A través de una estructura experimental que ofrece múltiples
trayectorias para sus protagonistas, John y Mary, la autora demuestra con una
ironía magistral que, aunque los nudos de la trama pueden variar entre el
romance idílico, la tragedia o el cinismo, el desenlace último es siempre el
mismo. Más que un simple relato, el cuento funciona como una aguda crítica a
las convenciones burguesas y una invitación a valorar el "cómo" y el
"porqué" de la existencia por encima del "qué",
recordándonos que la verdadera esencia de la vida —y de la literatura— no
reside en un final estático, sino en la complejidad del camino recorrido entre
el inicio y el fin.
Puedes escucharlo en YouTube y Spotify.
Finales Felices
Cuento completo de Margaret Atwood
John y Mary se conocen.
¿Qué pasa después?
Si quieres un final feliz, elige el A.
A.
John y Mary se enamoran y se casan. Ambos
tienen trabajos dignos y muy lucrativos, que les parecen interesantes y
estimulantes. Compran una casa encantadora. El valor de las propiedades sube.
Cuando finalmente pueden pagar por un servicio de limpieza, tienen dos hijos, a
quienes adoran. Los niños crecen bien. John y Mary tienen una estimulante y a
la vez desafiante vida sexual, y también amigos que valen la pena. Juntos
disfrutan de divertidas vacaciones. Se jubilan. Ambos tienen pasatiempos que
encuentran estimulantes y desafiantes. Por último, mueren. Este es el final de
la historia.
B.
Mary se enamora de John pero John no
corresponde a sus sentimientos. Tan sólo usa su cuerpo para saciar su propio
placer y, de una manera indiferente, para satisfacer su ego. Va a su
departamento dos veces a la semana y ella le cocina (notarás que él ni siquiera
cree que ella merece una cena fuera), después de que come se la coge y
finalmente se duerme mientras ella lava los platos, para que no piense que es
desaseada con todos esos platos sucios tirados por doquier, y se pone lápiz de
labios para verse bien cuando él despierte, pero cuando se despierta él ni se
da cuenta, se pone sus calcetines y sus pantalones y su camisa, y su corbata y
sus zapatos, justamente al revés de como se los quitó. No desnuda a Mary, ella
lo tiene que hacer, actúa como si se muriera de ganas cada vez, no porque le
guste mucho el sexo, no le gusta, pero quiere que John piense que sí le gusta
porque si lo hacen con regularidad seguro que él se acostumbrará a ella,
aprenderá a depender de ella y se casarán, pero John difícilmente se despide
cuando cruza la puerta para irse y tres días después regresa a las seis en
punto y repiten todo lo anterior.
Mary se quiebra. Llorar hace que una cara
parezca deslucida, todos lo saben, incluso Mary, pero no puede parar. En su
trabajo lo empiezan a notar. Sus amigos le dicen que John es una rata, un
cerdo, un perro, que no la merece, pero ella no lo puede creer. Dentro de John,
ella piensa, hay otro John que es mucho mejor. Ese otro John surgiría como una
mariposa de su capullo, como un muñeco de una caja de resorte, como un hueso de
una ciruela, si tan sólo exprimiera lo suficiente al primer John.
Una tarde John se queja de la comida. Nunca se
había quejado de la comida. Mary se siente herida.
Sus amigos le dicen que lo han visto en un
restaurante con otra mujer que se llama Madge. En realidad, ni siquiera es
Madge quien molesta a Mary, es el restaurante. John nunca llevó a Mary a ningún
restaurante. Mary junta todas las pastillas para dormir y aspirinas que puede
encontrar, las toma junto con media botella de jerez. Puedes saber qué clase de
mujer es por el hecho de que ni siquiera tiene whisky. Deja una nota para John.
Espera que la descubra y la lleve al hospital a tiempo y se arrepienta y se casen,
pero nada de esto ocurre y ella muere.
John se casa con Madge y todo sigue como en A.
C.
John, que es un hombre maduro, se enamora de
Mary, y a ella, que tan sólo tiene veintidós, le causa compasión porque está
preocupado por su incipiente calvicie. Se acuesta con él aunque no está
enamorada. Lo conoció en el trabajo. Está enamorada de un tipo llamado James,
quien, como ella, tiene veintidós, pero que no está listo para sentar cabeza.
John, por el contrario, sentó cabeza hace
mucho tiempo: esto es lo que le está fastidiando. John tiene un trabajo fijo y
respetable y está ascendiendo en su área, pero Mary no está impresionada, le
fascina James, que tiene una motocicleta y una increíble colección de discos.
Pero James monta en su motocicleta en busca de la libertad demasiado seguido.
La libertad no es lo mismo para las chicas, así que, por mientras, Mary pasa
los jueves con John. Los jueves son los únicos días que John tiene libres.
John está casado con una mujer llamada Madge,
y ellos tienen dos hijos, una casa encantadora que compraron justo antes de que
las propiedades subieran de precio, y pasatiempos que ambos encuentran
estimulantes y desafiantes… cuando tienen tiempo. John le dice a Mary que ella
realmente le importa, pero que por supuesto no puede dejar a su esposa, porque
un compromiso es un compromiso. Él repite esto más veces de las necesarias y
Mary encuentra el tema realmente fastidioso, pero los hombres maduros pueden
hacerlo por mucho más tiempo así que no se la pasa tan mal.
Un día, el viento trae consigo a James, a su
motocicleta y a un híbrido de California genial; James y Mary
están más drogados de lo que podrías creer y así se van a la cama. Todo parece
como si sucediera por debajo del agua, pero el viento trae también John, quien
tiene las llaves del departamento de Mary. Los encuentra drogados y pegados.
Difícilmente está en una posición de tener celos si se toma en cuenta a Madge,
pero aun así enloquece. Después de todo se encuentra en la crisis de los
cuarenta; en dos años se quedará tan pelón como un huevo y simplemente no puede
soportarlo. Compra una pistola diciendo que la necesita para practicar el tiro
al blanco —esta es la parte más sutil de la historia, pero se puede retomar más
tarde— y les dispara a los dos y luego a sí mismo.
Madge, después de guardar luto durante un
periodo razonable, se casa con un comprensivo hombre llamado Fred y todo
continúa como en A pero con nombres diferentes.
D.
Fred y Madge no tienen problemas. Tienen una
relación excepcionalmente buena y son capaces de solucionar cualquier
dificultad que pueda surgir, por pequeña que sea. Sin embargo, su encantadora
casa está cerca de la costa y un día un gigantesco maremoto se aproxima. Los
valores de bienes raíces bajan. El resto de la historia trata de qué fue lo que
causó el maremoto y cómo ellos logran escapar. Lo logran, aunque miles mueren
ahogados. Una parte de la historia trata sobre las circunstancias de la muerte
de los ahogados, pero Fred y Madge son virtuosos y afortunados. Cuando al fin
llegan a un terreno alto se abrazan —empapados, chorreando, agradecidos—, y
todo continúa como en A.
E.
Sí, pero Fred sufre del corazón. El resto de
la historia gira sobre cuán amables y compresivos son hasta la muerte de Fred.
Entonces Madge se dedica a obras de caridad y termina como en A. Si quieres,
puede ser “Madge”, “cáncer”, “confundida y culpable” y “aficionada a la
ornitología”.
F.
Si piensas que lo anterior es demasiado
burgués, convierte a John en revolucionario y a Mary en una agente de
contraespionaje, a ver qué tan lejos llegas. Recuerda que estamos en Canadá.
Aunque en el intermedio desarrolles una saga escandalosa y excitante, de
carácter pasional, una crónica fuera de tiempo más o menos, de todos modos
terminarás en A.
Tendrás que enfrentar que los finales siempre
son los mismos sin importar cómo construyas la historia. No te engañes con
otros desenlaces, son todos falsos, ya porque sean engaños maliciosos y
deliberados, ya porque hayan sido motivados por un excesivo optimismo, por no
llamarle sentimentalismo.
El único final auténtico es el que viene a
continuación:
John y Mary mueren. John y Mary mueren. John y Mary mueren.
Eso es todo lo que hay que decir sobre los
finales. Los inicios son siempre más divertidos. No obstante, se sabe que los
verdaderos conocedores prefieren alargar el espacio entre uno y otro, ya que es
lo más difícil de trabajar.
Eso es básicamente todo lo que se puede decir
de las tramas: que al final no son más que una acción tras otra, un qué y un
qué y un qué.
Ahora intenta con Cómo y Por Qué.
Fuente: El taller de Ana Haro
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