Mostrando entradas con la etiqueta Amado Nervo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amado Nervo. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de enero de 2026

Cuento breve de Amado Nervo

 

Amado Nervo

A continuación, te presento “La gota de agua que no quería perder su «individualidad»”, de Amado Nervo, que también puedes escuchar en formato de audiocuento en Spotify o ver en video en YouTube.

 

En este cuento, una gota de agua que ha pasado la noche sobre el pétalo de una rosa disfruta de su belleza y de cómo refleja la luz y los colores del mundo, sintiéndose única y valiosa en su pequeña existencia. Cuando el sol comienza a calentarla, la gota percibe que está a punto de evaporarse y suplica no desaparecer, pues teme perder su “individualidad”, es decir, su identidad como gota concreta y distinta. Sin revelar el desenlace, el relato utiliza esta escena sencilla y poética para reflexionar sobre el miedo al cambio y a la disolución del yo, mostrando cómo la resistencia a formar parte de algo más grande —el ciclo natural— simboliza el temor humano a dejar de ser lo que creemos que somos.


La gota de agua que no quería perder su «individualidad»

Cuento completo de Amado Nervo

Por la noche, en el verano, a partir de las doce pueden regarse los tiestos. Se supone que a las doce —y se supone mal— nadie pasará ya bajo los balcones enmacetados de Madrid; pero si pasa, y es abrupto en riego helado cae sobre su cabeza, ni tiene derecho a quejarse, ni vale la pena, porque el agua, aun así, es bienvenida en pleno agosto. Las flores, “por su parte”, es indecible lo que gozan con ese riego nocturno, cuya frescura se perpetúa, sobre todo en los balcones de Luis, que miran al Poniente, hasta bien entrada la mañana. El otro día, a las doce, sobre el pétalo aterciopelado de una rosa, como sobre la tela de un estuche, radiaba aún una gruesa gota de agua. Había pasado allí buena parte de la noche, fresca por excepción, dejándose penetrar por la luna. Un viento suave la balanceaba en su hamaca olorosa de seda. Pero avanzaba la mañana. El dios trasponía ya el meridiano, y una saeta de oro del arquero divino hirió en pleno corazón a la gota, tocándola en chispa maravillosa. Luis, que de antaño comprende el lenguaje del agua, como el sultán Mahmoud comprendía a los pájaros, oyó quejarse a la gota, la cual decía entre suaves quejumbres: —Tengo miedo, ¡ay!, tengo miedo. Siento que empiezo a evaporarme... ¡Oh sol, no me beses, por Dios! Tus besos hacen un espantoso daño. Me penetran toda, me abrasan, me disgregan... Yo no quiero deshacerme, no quiero volatilizarme... ¡No quiero perder mi individualidad!... ¿Entiendes, oh sol? No quiero perder mi individualidad. «Yo reflejo e mi modo la naturaleza. Soy un pequeño ojo cristalino, muy abierto, que la ve, que la admira desde este nido de terciopelo, desde esta cuna suave y bienoliente. Llevo ya muchas horas divinas de vida harmoniosa. Durante buena parte de la noche he reflejado la luna. He sido, ya una perla, un zafiro místico, ya una turquesa celeste. Después, la bóveda se ha pintado de un amarillo suave, y yo me he vuelto topacio. A poco el cielo se tiñó de rosa, y he sido rubí. Ahora soy diamante. Y cuando las hojas del rosal se miran en mi espejo para contemplar su traje nuevo, recién cortado en punta, me convierto en esmeralda

»No me beses, ¡oh sol! No sabes besar: haces mucho daño. No eres como la luna. Ella sí que sabía besar blandamente: al fin, mujer. Tú te pareces a un hombre sanguíneo, tosco y premioso. »¡Ay!, siento que me deshago, que me desvanezco, que me pierdo... »Sí, comprendo que eso de la transparencia absoluta es una cosa muy buena; que ser parte de la atmósfera húmeda es cosa muy conveniente; que flotar, volar, es cosa muy apetecible. Comprendo también que un poco de frío puede condensar mi humedad, y entonces ser yo parte mínima de una nube de esas que he visto pasar por la mañana y que parecen cuentos y milagros... Todo eso, sin duda, es bueno. Pero yo dejaría de ser gota, de ser gotita diáfana y temblorosa que soy: esta gotita acurrucada en el pétalo de una rosa, ¡y no quiero perder mi individualidad! »¡Ay! ¡Ay!, que daño me haces..., ¡oh sol! Ya no me beses, ya no me be...ses. Yo soy u...na gotita... de agua..., una lu...mi...no...sa go...tita de agua... sobre un rosa..., sobre una ro...» Estas fueron las últimas palabras de la gotita trémula que brillaba sobre el pétalo de una rosa en el balcón de Luis. El sol, brutal y sordo como la muerte, había hecho su obra.

 

Otros cuentos

Si te gustan los cuentos para adultos, te recomiendo un cuento de Fernanda Amparo



martes, 16 de noviembre de 2021

Cuentos cortos para adultos de Amado Nervo

 

Amado Nervo, el gran prosista

Amado Nervo nació el 27 de agosto del año 1870 en Tepic, Nayarit (México). El nombre real de Amado Nervo, era Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz, puesto que quiso simplificar sus apellidos paternos. Amado Nervo fue un gran poeta mexicano, además escribió novela, cuento, poesía y ensayo. Murió cuando tenía 48 años, el 24 de mayo de 1919.

Tres muertes marcaron su vida: la de su padre, a los nueve años, el suicidio de su hermano Luis y, finalmente, el de su amada Ana Cecilia Luisa Daillez. En algún momento pensó convertirse en sacerdote por lo que en 1891 estudió en el Seminario, pero lo abandonó al año siguiente.

Además, entabló amistad con otras grandes personalidades de su época, como Rubén Darío, Luis G. Urbina y José Santos Chocano. Cabe destacar, que también tuvo que enfrentar la pobreza, aunque cuando volvió a México era ya un poeta consagrado y ocupó puestos en la docencia y en la labor diplomática. Finalmente, murió en Montevideo, el 24 de mayo de 1919.

 

Cuentos cortos para adultos de Amado Nervo

Como cuentista, Nervo es un maestro, dueño de una gran inventiva, Muchas de las obras de Nervo reflejan su viaje interno para lograr la autocomprensión. Por este motivo, he escogido tres cuentos de carácter psicológico de este autor. Espero que os gusten Cuentos mexicanos para adultos de Amado Nervo. Si te gustan los cuentos cortos para adultos, te recomiendo escuchar El vuelo de los cóndores.

 

El Universal iOSEl Universal AndroidEl Universal Huawei

 

Dos cuentos breves de Sara Gallardo

  Sara Gallardo A continuación, te presento dos cuentos de Sara Gallardo considerada como autora de culto : El hombre en la araucaria y Ref...