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martes, 30 de junio de 2026

Pan, un relato breve de Margaret Atwood

 

Pan de Margaret Atwood

A continuación, te presento Pan de Margaret Atwood. En este relato breve para adultos, Margaret Atwood utiliza un simple pedazo de pan para transportar al lector por distintas situaciones humanas, desde la vida cotidiana hasta escenarios de hambre, guerra, culpa y sacrificio. A través de una serie de escenas y preguntas dirigidas al lector, el cuento invita a imaginar cómo un mismo objeto puede adquirir significados completamente diferentes según las circunstancias, convirtiendo una experiencia común en una profunda reflexión sobre la condición humana.

El cuento muestra que el valor de las cosas depende del contexto y de las decisiones morales que enfrentamos. El pan deja de ser solo un alimento para simbolizar la vida, la esperanza, la memoria, la solidaridad y, en algunos casos, la supervivencia o la traición. Atwood busca que el lector se ponga en el lugar de otras personas y reflexione sobre los privilegios cotidianos, la empatía y los dilemas éticos que surgen cuando los recursos son escasos o la vida está en peligro.

 Este cuento para adultos puedes escucharlo en YouTube y Spotify


Pan

Margaret ATWOOD (Canadá, 1939)

Imagina un pedazo de pan. No hace falta imaginarlo, está aquí en la cocina, sobre la tabla del pan, en su bolsa de plástico, junto al cuchillo del pan. Ese cuchillo es uno muy viejo que conseguiste en una subasta, la palabra PAN está tallada en el mango de madera. Abres la bolsa, pliegas el envoltorio hacia atrás, cortas una rebanada. La untas con mantequilla, con mantequilla de cacahuete, después miel, y lo doblas hacia adentro. Un poco de miel se te escurre entre los dedos y la lames con la lengua. Te lleva cerca de un minuto comer el pan. Este pan es negro, pero también hay pan blanco, en el frigorífico, y un poco de pan de centeno de la semana pasada, antes redondo como un estómago lleno, ahora a punto de echarse a perder. De vez en cuando haces pan. Lo ves como algo relajante que puedes elaborar con las manos. Imagina una hambruna. Ahora imagina un pedazo de pan. Ambas cosas son reales pero tú estás en el mismo cuarto con sólo una de ellas. Ponte en otro cuarto, para eso sirve la mente. Ahora te encuentras sobre un colchón delgado en un cuarto caluroso. Las paredes están hechas de tierra seca, y tu hermana, más joven que tú, está contigo en el cuarto. Tiene mucha hambre, su vientre está hinchado, las moscas se le posan en los ojos, tú las espantas con las manos. Tienes un trapo, sucio pero húmedo, y se lo pones en los labios y en la frente. El pedazo de pan es el mismo pan que has estado guardando desde hace días. Sientes la misma hambre que ella, pero todavía no te sientes tan débil. ¿Cuánto va durar esto? ¿Cuándo vendrá alguien con más pan? Piensas en salir a ver si encuentras algo para comer, pero afuera las calles están infestadas de carroñeros y el hedor de los cuerpos lo llena todo. ¿Deberías compartir el pan o dárselo todo a tu hermana? ¿Deberías comer tú el pedazo de pan? Después de todo, tú tienes una mejor oportunidad de sobrevivir, eres más fuerte. ¿Cuánto tiempo tardarás en decidirlo? Imagina una prisión. Hay algo que tú conoces, pero que todavía no se lo has contado a nadie. Los controladores de la prisión saben que tú lo sabes y todos los demás también lo saben. Si hablas, treinta o cuarenta o cien de tus amigos, tus compañeros, serán detenidos y morirán. Si te niegas a hablar, esta noche sucederá lo mismo que la noche anterior. Siempre eligen la noche. Sin embargo, no piensas en la noche, sino en el pedazo de pan que te ofrecieron. ¿Cuánto tiempo tardarás en decidirte? El pedazo de pan era negro y fresco y te recordó un rayo de sol que cae sobre un pedazo de madera. Te recordó un bol, un bol amarillo que había en tu casa. Contenía manzanas y peras, y estaba sobre una mesa de madera que también recuerdas. No es el hambre o el dolor lo que te está matando sino la ausencia de aquel bol amarillo. Si tan solo pudieras sostener el bol en tus manos, aquí mismo, podrías aguantar lo que sea, te dices a ti mismo. El pan que te ofrecieron es peligroso y traicionero, significa la muerte. Hubo una vez dos hermanas. Una era rica y no tenía hijos, la otra tenía cinco hijos y era viuda, tan pobre que ya no le quedaba nada de comer. Fue a ver a su hermana y le pidió un pedazo de pan. ‘Mis hijos se están muriendo’, dijo. La hermana rica respondió, ‘No tengo suficiente para mí’, y la echó de su casa. Luego el marido de la hermana rica llegó a su casa y quiso cortar un trozo de pan, pero al hacer el primer corte, brotó sangre roja. Todos sabían lo que eso significaba. Es un cuento maravilloso, un cuento tradicional alemán. La hogaza de pan que he creado para ti flota unos centímetros por encima de la mesa de la cocina. La mesa es normal, no tiene ninguna trampa. Un paño azul de cocina flota bajo el pan y no hay hilos que sujeten al techo el paño o el pan ni la mesa al paño; ya lo has comprobado al pasar la mano por debajo y por arriba, y no has tocado el pan. ¿Qué te detuvo? No quieres saber si el pan es real o si es sólo una alucinación que te hice ver. No existen dudas de que puedes ver el pan, hasta puedes olerlo, huele a levadura, y parece lo bastante sólido, tan sólido como tu propio brazo. ¿Pero puedes confiar en él? ¿Puedes comerlo? No quieres saberlo, imagínalo.

Fuente: Narrativa breve


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domingo, 24 de mayo de 2026

Un cuento fascinante de Margaret Atwood, autora de El cuento de la criada

Margaret Atwood

Hace apenas unos días, Margaret Atwood fue galardonada con el III Premio Internacional Joan Margarit de Poesía. Durante la entrega, se pronunció unas palabras que resonaron profundamente en mí y que hoy quiero compartir con vosotros:

"Gracias por enseñar a la sociedad a leer mejor, a leer nuestro tiempo, a leer nuestras sociedades y a leernos a nosotros mismos".

Esa es precisamente la esencia que busco cultivar en este espacio: entender la literatura como un espejo donde descubrir nuestra propia naturaleza y la de aquello que nos rodea, guiados por la voz de los grandes maestros. El reciente reconocimiento a Margaret Atwood con el Premio Joan Margarit ha sido la chispa que me motivó a traer este relato. 

Siempre he sentido una profunda admiración por su capacidad de disección social; en obras como El cuento de la criada, Atwood demuestra matices brillantes que van mucho más allá del rol de la mujer, alzándose como una crítica feroz y necesaria a las derivas de la política actual. Por eso, hoy quiero que exploremos juntos su faceta más breve pero igualmente punzante en 'Finales Felices', donde su lucidez vuelve a ponernos frente al espejo.

En este relato, Margaret Atwood despliega un ingenioso juego literario que disecciona la anatomía de las historias de amor y la inevitabilidad del destino humano. A través de una estructura experimental que ofrece múltiples trayectorias para sus protagonistas, John y Mary, la autora demuestra con una ironía magistral que, aunque los nudos de la trama pueden variar entre el romance idílico, la tragedia o el cinismo, el desenlace último es siempre el mismo. Más que un simple relato, el cuento funciona como una aguda crítica a las convenciones burguesas y una invitación a valorar el "cómo" y el "porqué" de la existencia por encima del "qué", recordándonos que la verdadera esencia de la vida —y de la literatura— no reside en un final estático, sino en la complejidad del camino recorrido entre el inicio y el fin.

Puedes escucharlo en YouTube y Spotify

 

 Finales Felices

Cuento completo de Margaret Atwood 

John y Mary se conocen.
¿Qué pasa después?
Si quieres un final feliz, elige el A.

A.

John y Mary se enamoran y se casan. Ambos tienen trabajos dignos y muy lucrativos, que les parecen interesantes y estimulantes. Compran una casa encantadora. El valor de las propiedades sube. Cuando finalmente pueden pagar por un servicio de limpieza, tienen dos hijos, a quienes adoran. Los niños crecen bien. John y Mary tienen una estimulante y a la vez desafiante vida sexual, y también amigos que valen la pena. Juntos disfrutan de divertidas vacaciones. Se jubilan. Ambos tienen pasatiempos que encuentran estimulantes y desafiantes. Por último, mueren. Este es el final de la historia.

B.

Mary se enamora de John pero John no corresponde a sus sentimientos. Tan sólo usa su cuerpo para saciar su propio placer y, de una manera indiferente, para satisfacer su ego. Va a su departamento dos veces a la semana y ella le cocina (notarás que él ni siquiera cree que ella merece una cena fuera), después de que come se la coge y finalmente se duerme mientras ella lava los platos, para que no piense que es desaseada con todos esos platos sucios tirados por doquier, y se pone lápiz de labios para verse bien cuando él despierte, pero cuando se despierta él ni se da cuenta, se pone sus calcetines y sus pantalones y su camisa, y su corbata y sus zapatos, justamente al revés de como se los quitó. No desnuda a Mary, ella lo tiene que hacer, actúa como si se muriera de ganas cada vez, no porque le guste mucho el sexo, no le gusta, pero quiere que John piense que sí le gusta porque si lo hacen con regularidad seguro que él se acostumbrará a ella, aprenderá a depender de ella y se casarán, pero John difícilmente se despide cuando cruza la puerta para irse y tres días después regresa a las seis en punto y repiten todo lo anterior.

Mary se quiebra. Llorar hace que una cara parezca deslucida, todos lo saben, incluso Mary, pero no puede parar. En su trabajo lo empiezan a notar. Sus amigos le dicen que John es una rata, un cerdo, un perro, que no la merece, pero ella no lo puede creer. Dentro de John, ella piensa, hay otro John que es mucho mejor. Ese otro John surgiría como una mariposa de su capullo, como un muñeco de una caja de resorte, como un hueso de una ciruela, si tan sólo exprimiera lo suficiente al primer John.

Una tarde John se queja de la comida. Nunca se había quejado de la comida. Mary se siente herida.

Sus amigos le dicen que lo han visto en un restaurante con otra mujer que se llama Madge. En realidad, ni siquiera es Madge quien molesta a Mary, es el restaurante. John nunca llevó a Mary a ningún restaurante. Mary junta todas las pastillas para dormir y aspirinas que puede encontrar, las toma junto con media botella de jerez. Puedes saber qué clase de mujer es por el hecho de que ni siquiera tiene whisky. Deja una nota para John. Espera que la descubra y la lleve al hospital a tiempo y se arrepienta y se casen, pero nada de esto ocurre y ella muere.

John se casa con Madge y todo sigue como en A.

C.

John, que es un hombre maduro, se enamora de Mary, y a ella, que tan sólo tiene veintidós, le causa compasión porque está preocupado por su incipiente calvicie. Se acuesta con él aunque no está enamorada. Lo conoció en el trabajo. Está enamorada de un tipo llamado James, quien, como ella, tiene veintidós, pero que no está listo para sentar cabeza.

John, por el contrario, sentó cabeza hace mucho tiempo: esto es lo que le está fastidiando. John tiene un trabajo fijo y respetable y está ascendiendo en su área, pero Mary no está impresionada, le fascina James, que tiene una motocicleta y una increíble colección de discos. Pero James monta en su motocicleta en busca de la libertad demasiado seguido. La libertad no es lo mismo para las chicas, así que, por mientras, Mary pasa los jueves con John. Los jueves son los únicos días que John tiene libres.

John está casado con una mujer llamada Madge, y ellos tienen dos hijos, una casa encantadora que compraron justo antes de que las propiedades subieran de precio, y pasatiempos que ambos encuentran estimulantes y desafiantes… cuando tienen tiempo. John le dice a Mary que ella realmente le importa, pero que por supuesto no puede dejar a su esposa, porque un compromiso es un compromiso. Él repite esto más veces de las necesarias y Mary encuentra el tema realmente fastidioso, pero los hombres maduros pueden hacerlo por mucho más tiempo así que no se la pasa tan mal.

Un día, el viento trae consigo a James, a su motocicleta y a un híbrido de California genial; James y Mary están más drogados de lo que podrías creer y así se van a la cama. Todo parece como si sucediera por debajo del agua, pero el viento trae también John, quien tiene las llaves del departamento de Mary. Los encuentra drogados y pegados. Difícilmente está en una posición de tener celos si se toma en cuenta a Madge, pero aun así enloquece. Después de todo se encuentra en la crisis de los cuarenta; en dos años se quedará tan pelón como un huevo y simplemente no puede soportarlo. Compra una pistola diciendo que la necesita para practicar el tiro al blanco —esta es la parte más sutil de la historia, pero se puede retomar más tarde— y les dispara a los dos y luego a sí mismo.

Madge, después de guardar luto durante un periodo razonable, se casa con un comprensivo hombre llamado Fred y todo continúa como en A pero con nombres diferentes.

D.

Fred y Madge no tienen problemas. Tienen una relación excepcionalmente buena y son capaces de solucionar cualquier dificultad que pueda surgir, por pequeña que sea. Sin embargo, su encantadora casa está cerca de la costa y un día un gigantesco maremoto se aproxima. Los valores de bienes raíces bajan. El resto de la historia trata de qué fue lo que causó el maremoto y cómo ellos logran escapar. Lo logran, aunque miles mueren ahogados. Una parte de la historia trata sobre las circunstancias de la muerte de los ahogados, pero Fred y Madge son virtuosos y afortunados. Cuando al fin llegan a un terreno alto se abrazan —empapados, chorreando, agradecidos—, y todo continúa como en A.

E.

Sí, pero Fred sufre del corazón. El resto de la historia gira sobre cuán amables y compresivos son hasta la muerte de Fred. Entonces Madge se dedica a obras de caridad y termina como en A. Si quieres, puede ser “Madge”, “cáncer”, “confundida y culpable” y “aficionada a la ornitología”.

F.

Si piensas que lo anterior es demasiado burgués, convierte a John en revolucionario y a Mary en una agente de contraespionaje, a ver qué tan lejos llegas. Recuerda que estamos en Canadá. Aunque en el intermedio desarrolles una saga escandalosa y excitante, de carácter pasional, una crónica fuera de tiempo más o menos, de todos modos terminarás en A.

Tendrás que enfrentar que los finales siempre son los mismos sin importar cómo construyas la historia. No te engañes con otros desenlaces, son todos falsos, ya porque sean engaños maliciosos y deliberados, ya porque hayan sido motivados por un excesivo optimismo, por no llamarle sentimentalismo.

El único final auténtico es el que viene a continuación:
John y Mary mueren. John y Mary mueren. John y Mary mueren.

Eso es todo lo que hay que decir sobre los finales. Los inicios son siempre más divertidos. No obstante, se sabe que los verdaderos conocedores prefieren alargar el espacio entre uno y otro, ya que es lo más difícil de trabajar.

Eso es básicamente todo lo que se puede decir de las tramas: que al final no son más que una acción tras otra, un qué y un qué y un qué.

Ahora intenta con Cómo y Por Qué.

Fuente: El taller de Ana Haro

 

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