Pan de Margaret Atwood
A continuación, te presento Pan de Margaret Atwood. En este relato breve para adultos, Margaret
Atwood utiliza un simple pedazo de pan para transportar al lector por distintas
situaciones humanas, desde la vida cotidiana hasta escenarios de hambre,
guerra, culpa y sacrificio. A través de una serie de escenas y preguntas
dirigidas al lector, el cuento invita a imaginar cómo un mismo objeto puede
adquirir significados completamente diferentes según las circunstancias,
convirtiendo una experiencia común en una profunda reflexión sobre la condición
humana.
El cuento muestra que el valor de las
cosas depende del contexto y de las decisiones morales que enfrentamos. El pan
deja de ser solo un alimento para simbolizar la vida, la esperanza, la memoria,
la solidaridad y, en algunos casos, la supervivencia o la traición. Atwood
busca que el lector se ponga en el lugar de otras personas y reflexione sobre
los privilegios cotidianos, la empatía y los dilemas éticos que surgen cuando
los recursos son escasos o la vida está en peligro.
Pan
Margaret ATWOOD (Canadá, 1939)
Imagina un pedazo de pan. No hace
falta imaginarlo, está aquí en la cocina, sobre la tabla del pan, en su bolsa
de plástico, junto al cuchillo del pan. Ese cuchillo es uno muy viejo que
conseguiste en una subasta, la palabra PAN está tallada en el mango de madera.
Abres la bolsa, pliegas el envoltorio hacia atrás, cortas una rebanada. La
untas con mantequilla, con mantequilla de cacahuete, después miel, y lo doblas
hacia adentro. Un poco de miel se te escurre entre los dedos y la lames con la
lengua. Te lleva cerca de un minuto comer el pan. Este pan es negro, pero
también hay pan blanco, en el frigorífico, y un poco de pan de centeno de la
semana pasada, antes redondo como un estómago lleno, ahora a punto de echarse a
perder. De vez en cuando haces pan. Lo ves como algo relajante que puedes
elaborar con las manos. Imagina una hambruna. Ahora imagina un pedazo de pan.
Ambas cosas son reales pero tú estás en el mismo cuarto con sólo una de ellas.
Ponte en otro cuarto, para eso sirve la mente. Ahora te encuentras sobre un
colchón delgado en un cuarto caluroso. Las paredes están hechas de tierra seca,
y tu hermana, más joven que tú, está contigo en el cuarto. Tiene mucha hambre,
su vientre está hinchado, las moscas se le posan en los ojos, tú las espantas
con las manos. Tienes un trapo, sucio pero húmedo, y se lo pones en los labios
y en la frente. El pedazo de pan es el mismo pan que has estado guardando desde
hace días. Sientes la misma hambre que ella, pero todavía no te sientes tan
débil. ¿Cuánto va durar esto? ¿Cuándo vendrá alguien con más pan? Piensas en
salir a ver si encuentras algo para comer, pero afuera las calles están
infestadas de carroñeros y el hedor de los cuerpos lo llena todo. ¿Deberías
compartir el pan o dárselo todo a tu hermana? ¿Deberías comer tú el pedazo de
pan? Después de todo, tú tienes una mejor oportunidad de sobrevivir, eres más
fuerte. ¿Cuánto tiempo tardarás en decidirlo? Imagina una prisión. Hay algo que
tú conoces, pero que todavía no se lo has contado a nadie. Los controladores de
la prisión saben que tú lo sabes y todos los demás también lo saben. Si hablas,
treinta o cuarenta o cien de tus amigos, tus compañeros, serán detenidos y
morirán. Si te niegas a hablar, esta noche sucederá lo mismo que la noche
anterior. Siempre eligen la noche. Sin embargo, no piensas en la noche, sino en
el pedazo de pan que te ofrecieron. ¿Cuánto tiempo tardarás en decidirte? El
pedazo de pan era negro y fresco y te recordó un rayo de sol que cae sobre un
pedazo de madera. Te recordó un bol, un bol amarillo que había en tu casa.
Contenía manzanas y peras, y estaba sobre una mesa de madera que también
recuerdas. No es el hambre o el dolor lo que te está matando sino la ausencia
de aquel bol amarillo. Si tan solo pudieras sostener el bol en tus manos, aquí
mismo, podrías aguantar lo que sea, te dices a ti mismo. El pan que te
ofrecieron es peligroso y traicionero, significa la muerte. Hubo una vez dos
hermanas. Una era rica y no tenía hijos, la otra tenía cinco hijos y era viuda,
tan pobre que ya no le quedaba nada de comer. Fue a ver a su hermana y le pidió
un pedazo de pan. ‘Mis hijos se están muriendo’, dijo. La hermana rica
respondió, ‘No tengo suficiente para mí’, y la echó de su casa. Luego el marido
de la hermana rica llegó a su casa y quiso cortar un trozo de pan, pero al
hacer el primer corte, brotó sangre roja. Todos sabían lo que eso significaba.
Es un cuento maravilloso, un cuento tradicional alemán. La hogaza de pan que he
creado para ti flota unos centímetros por encima de la mesa de la cocina. La
mesa es normal, no tiene ninguna trampa. Un paño azul de cocina flota bajo el
pan y no hay hilos que sujeten al techo el paño o el pan ni la mesa al paño; ya
lo has comprobado al pasar la mano por debajo y por arriba, y no has tocado el
pan. ¿Qué te detuvo? No quieres saber si el pan es real o si es sólo una
alucinación que te hice ver. No existen dudas de que puedes ver el pan, hasta
puedes olerlo, huele a levadura, y parece lo bastante sólido, tan sólido como
tu propio brazo. ¿Pero puedes confiar en él? ¿Puedes comerlo? No quieres
saberlo, imagínalo.
Fuente: Narrativa breve
Otros relatos
Si te gustan los relatos para adultos,
te recomiendo Orientación de los gatos de Cortázar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.