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martes, 18 de agosto de 2026

La brevedad del asombro | 10 microrrelatos inolvidables


 

10 microrrelatos de grandes autores


Los microrrelatos demuestran que una gran historia puede contarse en muy pocas palabras. En apenas unas líneas, estos relatos cortos son capaces de sorprender, emocionar y dejar al lector reflexionando mucho después de haber llegado al final.

En esta selección encontrarás 10 microrrelatos inolvidables de grandes autores como Rubén Darío, Ernesto Sábato, Julio Torri, y otros escritores que han convertido la brevedad en una auténtica forma de arte. Cada historia ofrece un giro inesperado, una reflexión o una imagen inolvidable que confirma que, en literatura, no siempre hace falta escribir mucho para decirlo todo.

Si te apasionan los cuentos breves, la literatura y las historias con finales sorprendentes, esta recopilación es una invitación a descubrir el enorme poder de las palabras cuando se utilizan con precisión. También puedes escucharlos en YouTube y Spotify.

 

La brevedad del asombro

El nacimiento de la col

Microrrelato de Rubén Darío

En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.

-Eres bella.

-Lo soy -dijo la rosa.

-Bella y feliz – prosiguió el diablo-. Tienes el color, la gracia y el aroma. Pero…

-¿Pero?…

-No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas? Ésos, a más de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco…

La rosa entonces –tentada como después lo sería la mujer- deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.

Pasó el buen Dios después del alba siguiente.

-Padre –dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza-, ¿queréis hacerme útil?

-Sea, hija mía –contestó el Señor, sonriendo.

Y entonces vio el mundo la primera col.


El emigrante

Microrrelato de Luis Felipe Lomelí

- ¿Olvida usted algo? - Ojalá.


70 (La sueñera)

Microrrelato de Ana María Shua

Con una mueca feroz, chorreando sangre y baba, el hombre lobo separa las mandíbulas y desnuda los colmillos amarillos. Un curioso zumbido perfora el aire. El hombre lobo tiene miedo. El dentista también.


Primicia 

Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano

Vio la noticia de su muerte en el periódico. Había sido el primero en darla desde el cielo.


Armisticio

Microrrelato de Juan José Arreola

Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación. Me desentiendo de todos los invasores en cuerpo y alma. Nos veremos las caras en la tierra de nadie. Allí donde un ángel señala desde lejos invitándonos a entrar: Se alquila paraíso, en ruinas.


Pelo de perro

Microrrelato de Lydia Davis

El perro se ha ido. Lo echamos de menos. Cuando suena el timbre, nadie ladra. Cuando volvemos tarde a casa, no hay nadie esperándonos. Seguimos encontrándonos pelos blancos aquí y allí por toda la casa y en nuestra ropa. Los recogemos. Deberíamos tirarlos. Pero es lo único que nos queda de él. No los tiramos. Tenemos la esperanza de que si recogemos suficiente pelo, seremos capaces de recomponer al perro.


Sola y su alma. 

Microrrelato de Thomas Bailey Aldrich

Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay más en el mundo: todos los seres han muerto. Golpean a la puerta.


Narcisa

Microrrelato de Luisa Valenzuela

Como quien mira por la ventana del bar, miro la ventana. El tipo que me ve desde afuera entra para interpelarme.

–Me gustás.

–Lo mismo digo.

–¿Yo también te gusto?

–Nada de eso, me gusto yo. Me estaba mirando en el reflejo.


¿Y tú quién eres?

Microrrelato de Francisco Rodríguez Criado

Allí estaba, huesudo, esclavo de los dolores y desmemoriado, y aun así afable con quienes íbamos a achucharle un poco. Cada vez que me veía entrar decía que yo debía de ser buena persona. Y acto seguido, sonriente, me preguntaba quién era yo.

–No lo sé, aún no lo sé… Escribo libros para intentar averiguarlo.

Y, apurando aquellos últimos jirones de vida, mi padre redoblaba la sonrisa y me cogía afectuosamente la mano.

 

Lenguaje

Microrrelato de Ernesto Sábato

El lenguaje comienza siendo un simple gruñido para designar todas las cosas; luego se va diversificando y especializando; este proceso se llama enriquecimiento y es alentado por los padres y profesores de lenguas.

Pero cuando se llega a tener cien o doscientas mil palabras, se encuentra que el ideal consiste en expresarse con diez o veinte. El lenguaje del filósofo es muy reducido: objeto, sujeto, materia, causa, espacio, tiempo, fin y alguna otra más.

Si lo apuran mucho se arregla con una sola palabra, como apeirón o sustancia.

Es probable que el ideal de muchos filósofos sea terminar finalmente en el gruñido único y monista.

 

Otros microrrelatos

Si te gustan los microrrelatos, te recomiendo Los 10 mejores microrrelatos de la historia (Borges, García Márquez y más).

 

jueves, 8 de junio de 2023

3 cuentos latinoamericanos de grandes escritores

 

Cuentos para pensar

A continuación, os presento unos cuentos latinoamericanos maravillosos de tres grandes escritores. Son cuentos latinoamericanos en YouTube pensados para la reflexión, que nos muestran distintas maneras de ver la vida y funcionan, a su vez, como una crítica social. He escogido tres cuentos: “Continuidad de los parques” de Julio Cortázar; “La casa de Asterión” de Jorge Luis Borges; y “Baby HP” de Juan José Arreola. Además, he incluido los textos para que puedas leerlos con calma, junto con un resumen y una explicación de su significado. 


"Continuidad de los parques"  - Julio Cortázar

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

 

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

 

Resumen y explicación del cuento

 Continuidad de los parques presenta a un hombre absorto en la lectura de una novela, cuya atención se va desplazando de manera gradual del mundo real al universo ficticio del libro. A medida que avanza la lectura, el relato muestra cómo las fronteras entre realidad y ficción se vuelven cada vez más difusas, hasta sugerir una inquietante superposición de ambos planos. El cuento reflexiona sobre el poder envolvente de la literatura, la participación activa del lector y la fragilidad de la realidad cuando la imaginación la invade, proponiendo que la ficción no solo se observa desde fuera, sino que puede penetrar y transformar la experiencia de quien lee.


"La casa de Asterión"  - Jorge Luis Borges

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)1 están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo; aunque mi modestia lo quiera.

 

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.

 

Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

 

No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

 

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

 

El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

 

-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

 

Resumen y explicación del cuento

La casa de Asterión ofrece el monólogo de un ser solitario que describe su casa infinita y su existencia apartada del mundo, marcada por la incomprensión de los otros y por una rutina de juegos, reflexiones y esperas. A través de esta voz íntima, Borges invita al lector a reconsiderar la noción de monstruo y a mirar desde dentro a quien ha sido tradicionalmente condenado. El cuento reflexiona sobre la soledad, la identidad y el deseo de redención, y propone que la verdadera tragedia no es la violencia, sino el aislamiento y la incapacidad de ser comprendido.

 

"Baby HP" (1952) - Juan José Arreola

Señora ama de casa: convierta usted en fuerza motriz la vitalidad de sus niños. Ya tenemos a la venta el maravilloso Baby H.P., un aparato que está llamado a revolucionar la economía hogareña.

 

El Baby H.P. es una estructura de metal muy resistente y ligera que se adapta con perfección al delicado cuerpo infantil, mediante cómodos cinturones, pulseras, anillos y broches. Las ramificaciones de este esqueleto suplementario recogen cada uno de los movimientos del niño, haciéndolos converger en una botellita de Leyden que puede colocarse en la espalda o en el pecho, según necesidad. Una aguja indicadora señala el momento en que la botella está llena. Entonces usted, señora, debe desprenderla y enchufarla en un depósito especial, para que se descargue automáticamente. Este depósito puede colocarse en cualquier rincón de la casa, y representa una preciosa alcancía de electricidad disponible en todo momento para fines de alumbrado y calefacción, así como para impulsar alguno de los innumerables artefactos que invaden ahora los hogares.

 

De hoy en adelante usted verá con otros ojos el agobiante ajetreo de sus hijos. Y ni siquiera perderá la paciencia ante una rabieta convulsiva, pensando en que es una fuente generosa de energía. El pataleo de un niño de pecho durante las veinticuatro horas del día se transforma, gracias al Baby H.P., en unos inútiles segundos de tromba licuadora, o en quince minutos de música radiofónica.

 

Las familias numerosas pueden satisfacer todas sus demandas de electricidad instalando un Baby H.P. en cada uno de sus vástagos, y hasta realizar un pequeño y lucrativo negocio, trasmitiendo a los vecinos un poco de la energía sobrante. En los grandes edificios de departamentos pueden suplirse satisfactoriamente las fallas del servicio público, enlazando todos los depósitos familiares.

 

El Baby H.P. no causa ningún trastorno físico ni psíquico en los niños, porque no cohíbe ni trastorna sus movimientos. Por el contrario, algunos médicos opinan que contribuye al desarrollo armonioso de su cuerpo. Y por lo que toca a su espíritu, puede despertarse la ambición individual de las criaturas, otorgándoles pequeñas recompensas cuando sobrepasen sus récords habituales. Para este fin se recomiendan las golosinas azucaradas, que devuelven con creces su valor. Mientras más calorías se añadan a la dieta del niño, más kilovatios se economizan en el contador eléctrico.

 

Los niños deben tener puesto día y noche su lucrativo H.P. Es importante que lo lleven siempre a la escuela, para que no se pierdan las horas preciosas del recreo, de las que ellos vuelven con el acumulador rebosante de energía.

 

Los rumores acerca de que algunos niños mueren electrocutados por la corriente que ellos mismos generan son completamente irresponsables. Lo mismo debe decirse sobre el temor supersticioso de que las criaturas provistas de un Baby H.P. atraen rayos y centellas. Ningún accidente de esta naturaleza puede ocurrir, sobre todo si se siguen al pie de la letra las indicaciones contenidas en los folletos explicativos que se obsequian en cada aparato.

 

El Baby H.P. está disponible en las buenas tiendas en distintos tamaños, modelos y precios. Es un aparato moderno, durable y digno de confianza, y todas sus coyunturas son extensibles. Lleva la garantía de fabricación de la casa J. P. Mansfield & Sons, de Atlanta, Ill.

 

Resumen y explicación del cuento

Baby H.P. adopta el tono de un anuncio publicitario para presentar un supuesto invento doméstico que promete aprovechar la energía de los niños para beneficio del hogar. Con un lenguaje técnico y persuasivo, el relato describe de manera aparentemente racional las ventajas del dispositivo, creando un contraste inquietante entre la forma optimista del discurso y lo que se sugiere en el fondo. El cuento funciona como una sátira mordaz sobre la sociedad moderna, el consumismo y la deshumanización, y critica la lógica utilitaria que reduce incluso la infancia a un recurso explotable en nombre del progreso y la eficiencia.


Audiocuentos

Ahora te invito a escuchar estos audiocuentos latinoamericanos en YouTube, que espero sean de tu agrado. También te recomiendo estos cuentos de Francisco Tario


domingo, 4 de diciembre de 2022

Cuentos para adultos de Juan José Arreola

 Juan José Arreola, gran escritor del relato corto

Juan José Arreola Zúñiga fue un, escritor, actor y editor mexicano. Además, no sólo es un escritor fundamental en la historia de la literatura mexicana, sino que su presencia en el mundo editorial, en la televisión, en la docencia, lo hizo un personaje muy conocido por amplios sectores sociales. 

Juan Jose Arreola Zúñiga nació el 21 de septiembre de 1918 en Zapotlán el Grande —hoy Ciudad Guzmán—, Jalisco, Guadalajara (México). Estudió en la Escuela Teatral de Bellas Artes aunque, al principio, empezó a trabajar como encuadernador.

Su obra, a pesar de no ser muy extensa, abarca una gran diversidad de géneros: novela, prosa poética, cuento, teatro, estilización de textos ajenos, fragmentos. Su primera obra la publicó, en 1941, Sueño de Navidad y, en 1945, colaboró con Juan Rulfo y Antonio Alatorre en la publicación de la revista Pan, de Guadalajara y pudo viajar a París, donde conoció a J. L. Barrault y Pierre Renoir. Un año después regresó a México y, a su vuelta, empezó a trabajar en Fondo de Cultura Económica como corrector y autor de solapas.

Su dominio de la técnica narrativa, especialmente del relato corto, su sorprendente rigor semántico y el alto nivel estético de su prosa puesta al servicio de una fantasía desbordante le valieron multitud de premios y distinciones. En 1949 apareció su primer libro de cuentos Varia invención, aunque su obra maestra fue Confabulario recibiendo el Premio Jalisco de Literatura, a este le seguirían el Premio del Festival Dramático del Instituto Nacional de Bellas Artes y el Premio Xavier Villaurrutia. Además, su prestigio fue ascendiendo y también fue galardonado con el Premio Nacional en Letras, en la Ciudad de México y el Premio Juan Rulfo, al que seguirían el Alfonso Reyes y Premio Ramón López Velarde.

 

A partir de 1964 dirigió la colección "El Unicornio", y se inició como profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México. En 1972 se publicó la edición de Bestiario, que completaba la serie iniciada en 1958, con Punta de plata. También participó como comentarista de Televisa para los Juegos Olímpicos de Barcelona.Finalmente, después de un largo ir y venir por distintas partes del país y del mundo: Zapotlán, Guadalajara, Colima, Ciudad de México, París, volvió a Guadalajara, donde murió el 3 de diciembre de 2001.

 

Cuentos para adultos

Después de presentaros su biografía, he escogido unos cuentos cortos para adultos de Juan José Arreola muy bonitos: La migala, El encuentro y En verdad os digo. Estos cuentos puedes escucharlos en YouTube y, si te gusta este genero literario, te invito a escuchar Cuentos de Mario Benedetti. 

 

 


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