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martes, 25 de agosto de 2026

La sabiduría en Franz Kafka

 

Franz Kafka

A continuación, te presento una selección de aforismos de Franz Kafka, recogidos en Los aforismos de Zürau. La obra reúne 109 aforismos escritos por Kafka entre el 9 de octubre de 1917 y el 26 de febrero de 1918, durante su estancia en Zürau, en Bohemia occidental. Allí se alojó con su hermana Ottla mientras se recuperaba de la tuberculosis. 

Estos aforismos de Kafka que he seleccionado para esta ocasión reflexionan sobre la vida, la libertad, el conocimiento, la verdad y la condición humana. Muchos expresan la tensión entre luchar contra el mundo o aceptarlo, y entre buscar respuestas o aprender a convivir con la incertidumbre. En conjunto, invitan a detenerse, observar y cuestionar la realidad, mostrando que el camino hacia la verdad y la libertad no siempre es fácil ni evidente.

Estos aforismos puedes escucharlos en YouTube y Spotify

 

Aforismos de Kafka

Ø  A partir de cierto punto ya no hay vuelta atrás. Hay que llegar a ese punto.
Ø  En la lucha entre el mundo y tú, ponte de parte del mundo.
Ø  No es necesario que salgas de casa. Quédate sentado a tu mesa y escucha atentamente. No escuches siquiera, limítate a esperar. Ni siquiera esperes, simplemente quédate callado y solo. El mundo se te ofrecerá para que lo desenmascares, no puede evitarlo; extasiado, se contoneará ante ti.
Ø  Cualquier cosa que me saque de entre las dos ruedas de molino que normalmente me machacan, representa para mí un alivio, a no ser que conlleve un excesivo dolor físico.
Ø  Me he pasado la vida resistiéndome al placer de acabar con ella.
Ø  Mantener la calma; alejarse al máximo de las exigencias de la pasión; conocer la corriente y a partir de ahí nadar contra ella; nadar contra la corriente por el placer de dejarse llevar.
Ø  Una jaula fue en busca de un ave.
Ø  No permitas que el Mal te haga creer que puedes tener secretos frente a él.
Ø  Del verdadero enemigo te llega una valentía ilimitada.
Ø  Comprender la fortuna de que el suelo que pisas no puede ser más grande que los dos pies que lo cubren.
Ø  ¿Cómo alegrarse del mundo sino cuando se refugia uno en él?
Ø  El camino verdadero pasa por una cuerda que no está tendida en lo alto, sino muy cerca del suelo. Parece hecha más para tropezar que para andar por ella.
Ø  El conocimiento es algo que poseemos. Quien se esfuerza demasiado por alcanzarlo, se vuelve sospechoso de actuar contra él.
Ø  El espíritu solo se vuelve libre cuando deja de ser apoyo.
Ø  El mutismo es uno de los atributos de la perfección.
Ø  El primer animal doméstico de Adán después de la expulsión del Paraíso fue la serpiente.
Ø  En un mundo de mentira, para echar a la mentira del mundo no basta con su opuesto: hace falta un mundo de verdad.
Ø  Es la vieja broma: sostenemos el mundo y nos quejamos de que él nos sostiene.
Ø  Hay preguntas que jamás lograríamos dejar atrás si no estuviéramos liberados de ellas por naturaleza.
Ø  La única verdad es la acción emitida desde la contemplación, o mejor dicho, la que regresa hacia ella.
Ø  Lo absurdo de separar lo propio de lo ajeno en el combate intelectual.
Ø  No es posible complacerse en el mundo, a menos que uno se refugie en él.
Ø  No somos pecadores solo por haber comido del árbol de la ciencia, sino también porque todavía no hemos comido del árbol de la vida.
Ø  Nuestra misión es exactamente tan grande como nuestra vida, y eso es lo que la hace parecer infinita.
Ø  Si no nos hubieran expulsado del Paraíso, habría sido necesario destruirlo.
Ø  Una fe como la hoja de la guillotina: así de pesada, así de ligera.
Ø  Vivir significa estar en el centro de la vida; ver la vida con la mirada con la que la he creado.

Grandes autores en pequeños relatos

Te recomiendo “El sí de Yoko Ono”, de Cristina Rivera Garza, destacada escritora, historiadora y académica mexicana reconocida internacionalmente.

 

sábado, 28 de febrero de 2026

Ser infeliz, cuento para adultos de Kafka

 

Los maravillosos cuentos de Kafka

A continuación, te presento un cuento para adultos Ser infeliz de Kafka. Este cuento también puedes escucharlo en formato audiocuento en Youtube y Spotify.

El cuento Ser infeliz de Franz Kafka retrata a un hombre que, en medio de una profunda inquietud interior, recibe la visita de una enigmática niña que parece encarnar su propio desasosiego. 

En este cuento para adultos de Franz Kafka, más que hablar de un espectro real, el relato sugiere que el verdadero conflicto está dentro del protagonista: su miedo, su soledad y su dificultad para vincularse con los demás. En el fondo, muestra cómo a veces resulta más “cómodo” enfrentar una presencia imaginaria que mirar de frente el propio vacío y reconocer la raíz de la propia infelicidad.

 

Ser infeliz

[Cuento completo de Franz Kafka]

Cuando ya eso se había vuelto insoportable -una vez al atardecer, en noviembre-, y yo me deslizaba sobre la estrecha alfombra de mi pieza como en una pista, estremecido por el aspecto de la calle iluminada, me di vuelta otra vez, y en lo hondo de la pieza, en el fondo del espejo, encontré no obstante un nuevo objetivo, y grité, solamente por oír el grito al que nada responde y al que tampoco nada le sustrae la fuerza de grito, que por lo tanto sube sin contrapeso y no puede cesar aunque enmudezca; entonces desde la pared se abrió la puerta hacia afuera así de rápido porque la prisa era, ciertamente, necesaria, e incluso vi los caballos de los coches abajo, en el pavimento, se levantaron como potros que, habiendo expuesto los cuellos al enemigo, se hubiesen enfurecido en la batalla.

 

Cual pequeño fantasma, corrió una niña desde el pasillo completamente oscuro, en el que todavía no alumbraba la lámpara, y se quedó en puntas de pie sobre una tabla del piso, la cual se balanceaba levemente encandilada en seguida por la penumbra de la pieza, quiso ocultar rápidamente la cara entre las manos, pero de repente se calmó al mirar hacia la ventana, ante cuya cruz el vaho de la calle se inmovilizó por fin bajo la oscuridad. Apoyando el codo en la pared de la pieza, se quedó erguida ante la puerta abierta y dejó que la corriente de aire que venía de afuera se moviese a lo largo de las articulaciones de los pies, también del cuello, también de las sienes. Miré un poco en esa dirección, después dije: “buenas tardes”, y tomé mi chaqueta de la pantalla de la estufa, porque no quería estarme allí parado, así, a medio vestir. Durante un ratito mantuve la boca abierta para que la excitación me abandonase por la boca. Tenía la saliva pesada; en la cara me temblaban las pestañas. No me faltaba sino justamente esta visita, esperada por cierto. La niña estaba todavía parada contra la pared en el mismo lugar; apretaba la mano derecha contra aquélla, y, con las mejillas encendidas, no le molestaba que la pared pintada de blanco fuese ásperamente granulada y raspase las puntas de sus dedos. Le dije:

 

-¿Es a mí realmente a quien quiere ver? ¿No es una equivocación? Nada más fácil que equivocarse en esta enorme casa. Yo me llamo así y asá; vivo en el tercer piso. ¿Soy entonces yo a quien usted desea visitar?

 

-¡Calma, calma! -dijo la niña por sobre el hombro-; ya todo está bien.

 

-Entonces entre más en la pieza. Yo querría cerrar la puerta.

 

-Acabo justamente de cerrar la puerta. No se moleste. Por sobre todo, tranquilícese.

 

-¡Ni hablar de molestias! Pero en este corredor vive un montón de gente. Naturalmente todos son conocidos míos. La mayoría viene ahora de sus ocupaciones. Si oyen hablar en una pieza creen simplemente tener el derecho de abrir y mirar qué pasa. Ya ocurrió una vez. Esta gente ya ha terminado su trabajo diario; ¿a quién soportarían en su provisoria libertad nocturna? Por lo demás, usted también ya lo sabe. Déjeme cerrar la puerta.

 

-¿Pero qué ocurre? ¿Qué le pasa? Por mí, puede entrar toda la casa. Y le recuerdo; ya he cerrado la puerta; créalo. ¿Solamente usted puede cerrar las puertas?

 

-Está bien, entonces. Más no quiero. De ninguna manera tendría que haber cerrado con la llave. Y ahora, ya que está aquí, póngase cómoda; usted es mi huésped. Tenga plena confianza en mí. Lo único importante es que no tema ponerse a sus anchas. No la obligaré a quedarse ni a irse. ¿Es que hace falta decírselo? ¿Tan mal me conoce?

 

-No. En realidad no tendría que haberlo dicho. Más todavía: no debería haberlo dicho. Soy una niña; ¿por qué molestarse tanto por mí?

 

-¡No es para tanto! Naturalmente, una niña. Pero tampoco es usted tan pequeña. Ya está bien crecidita. Si fuese una chica no habría podido encerrarse, así no más, conmigo en una pieza.

 

-Por eso no tenemos que preocuparnos. Solamente quería decir: no me sirve de mucho conocerle tan bien; sólo le ahorra a usted el esfuerzo de fingir un poco ante mí. De todos modos, no me venga con cumplidos. Dejemos eso, se lo pido, dejémoslo. Y a esto hay que agregar que no lo conozco en cualquier lugar y siempre, y de ninguna manera en esta oscuridad. Sería mucho mejor que encendiese la luz. No. Mejor no. De todos modos, seguiré teniendo en cuenta que ya me ha amenazado.

 

-¿Cómo? ¿Yo la amenacé? ¡Pero por favor! ¡Estoy tan contento de que por fin esté aquí! Digo “por fin” porque ya es tan tarde. No puedo entender por qué vino tan tarde. Además es posible que por la alegría haya hablado tan incongruentemente, y que usted lo haya interpretado justamente de esa manera. Concedo diez veces que he hablado así. Sí. La amenacé con todo lo que quiera. Una cosa: por el amor de Dios, ¡no discutamos! ¿Pero, cómo pudo creerlo? ¿Cómo pudo ofenderme así? ¿Por qué quiere arruinarme a la fuerza este pequeño momentito de presencia suya aquí? Un extraño sería más complaciente que usted.

 

-Lo creo. Eso no fue ninguna genialidad. Por naturaleza estoy tan cerca de usted cuanto un extraño pueda complacerle. También usted lo sabe. ¿A qué entonces esa tristeza? Diga mejor que está haciendo teatro y me voy al instante.

 

-¿Así? ¿También esto se atreve a decirme? Usted es un poco audaz. ¡En definitiva está en mi pieza! Se frota los dedos como loca en mi pared. ¡Mi pieza, mi pared! Además, lo que dice es ridículo, no sólo insolente. Dice que su naturaleza la fuerza a hablarme de esta forma. Su naturaleza es la mía, y si yo por naturaleza me comporto amablemente con usted, tampoco usted tiene derecho a obrar de otra manera.

 

-¿Es esto amable?

 

-Hablo de antes.

 

-¿Sabe usted cómo seré después?

 

-Nada sé yo.

 

Y me dirigí a la mesa de luz, en la que encendí una vela. Por aquel entonces no tenía en mi pieza luz eléctrica ni gas. Después me senté un rato a la mesa, hasta que también de eso me cansé. Me puse el sobretodo; tomé el sombrero que estaba en el sofá, y de un soplo apagué la vela. Al salir me tropecé con la pata de un sillón. En la escalera me encontré con un inquilino del mismo piso.

 

-¿Ya sale usted otra vez, bandido? -preguntó, descansando sobre sus piernas bien abiertas sobre dos escalones.

 

-¿Qué puedo hacer? -dije-. Acabo de recibir a un fantasma en mi pieza.

 

-Lo dice con el mismo descontento que si hubiese encontrado un pelo en la sopa.

 

-Usted bromea. Pero tenga en cuenta que un fantasma es un fantasma.

 

-Muy cierto: ¿pero cómo, si uno no cree absolutamente en fantasmas?

 

-¡Ajá! ¿Es que piensa usted que yo creo en fantasmas? ¿Pero de qué me sirve este no creer?

 

-Muy simple. Lo que debe hacer es no tener más miedo si un fantasma viene realmente a su pieza.

 

-Sí. Pero es que ése es el miedo secundario. El verdadero miedo es el miedo a la causa de la aparición. Y este miedo permanece, y lo tengo en gran forma dentro de mí.

 

De pura nerviosidad, empecé a registrar todos mis bolsillos.

 

-Ya que no tiene miedo de la aparición como tal, habría debido preguntarle tranquilamente por la causa de su venida.

 

-Evidentemente, usted todavía nunca ha hablado con fantasmas; jamás se puede obtener de ellos una información clara. Eso es un de aquí para allá. Estos fantasmas parecen dudar más que nosotros de su existencia, cosa que por lo demás, dada su fragilidad, no es de extrañar.

 

-Pero yo he oído decir que se les puede seducir.

 

-En ese punto está bien informado. Se puede. ¿Pero quién lo va a hacer?

 

-¿Por qué no? Si es un fantasma femenino, por ejemplo -dijo, y subió otro escalón.

 

-¡Ah, sí…! -dije-, pero aún así no vale la pena. Recapacité.

 

Mi vecino estaba ya tan alto que para verme tenía que agacharse por debajo de una arcada de la escalera.

 

-Pero no obstante -grité-, si usted ahí arriba me quita mi fantasma, rompemos relaciones para siempre.

 

-¡Pero si fue solamente una broma! -dijo, y retiró la cabeza.

 

-Entonces está bien -dije.

 

Y ahora sí que, a decir verdad, podría haber salido tranquilamente a pasear; pero como me sentí tan desolado preferí subir, y me eché a dormir.

Fuente: Ciudad Seva

 

Otros cuentos

Si te gusta este género literario, te recomiendo Agujeros negros de Samanta Schweblin.

martes, 15 de marzo de 2022

Cuentos cortos para adultos de Kafka

 

Antes de presentaros estos cuentos cortos para adultos de Kafka, me gustaría detallaros los cuentos que he escogido, unos cuentos con moraleja muy interesantes. 

 

 

Cuentos para adultos

Ante la ley

Este breve cuento es una inquietante parábola que nos habla de un derecho esencial como es el acceso a la justicia. Esta reflexión se presenta como una paradoja:aunque la Ley tiene la puerta abierta, no es posible entrar.

 

Una hoja vieja 

Este cuento tiene que ver más con la vida de Kafka, puesto que dicho texto está lleno de similitudes con su realidad como el hecho que los nómadas hablen como grajos, es decir, como aquellos que pertenecen a los Kafka, ya que el apellido Kafka es de origen checo y este apellido significa literalmente grajo. Este  cuento es algo fantástico, donde el protagonista. ante lo desconocido, pretende ser comprensivo y someterse para poder enfrentarse a una nueva realidad.  

 

Chacales y árabes 

El cuento Chacales y árabes de Franz Kafka ironiza, caricaturiza y predice las guerras que surgirían a raíz del conflicto entre judíos y árabes por la lucha del territorio. Hay que recordar que Kafka era de origen judío. Más detalles de su biografía aquí


Una vez indicado los cuentos que he escogido para este audiolibro de Kafka, ahora puedes disfrutar de estos cuentos cortos para adultos de este autor.  Si te gustan los cuentos de Kafka, te invito a escuchar estos 5 Cuentos para adultos

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