Mostrando entradas con la etiqueta Lydia Davis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lydia Davis. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de septiembre de 2026

2 relatos magistrales de Lydia Davis


 

Lydia Davis 

A continuación, te presento dos relatos breves de Lydia Davis considerada candidata para obtener el Premio Nobel de Literatura en varias ocasiones. 

El primer relato es La transformación. Narra el extraño proceso por el cual una joven, que anteriormente había sido un árbol, comienza a convertirse lentamente en piedra, ante la sorpresa de los habitantes de la ciudad. El cuento muestra cómo las personas intentan comprender y aceptar cambios que parecen imposibles. Su significado se relaciona con la transformación constante de la identidad y con los límites de nuestra capacidad para aceptar lo desconocido: aunque nos acostumbramos a los cambios, siempre hay un punto en el que aquello que ocurre desafía nuestra idea de lo que es posible y normal.

El segundo relato es Una segunda oportunidad, que reflexiona sobre el deseo de volver a vivir momentos importantes para corregir los errores cometidos. La narradora piensa en situaciones como el matrimonio, la maternidad y la muerte de un ser querido, y explica que, aunque aprendiéramos de nuestros errores, cada nueva experiencia sería diferente y volveríamos a enfrentarnos a nuevas decisiones. El cuento significa que la vida no ofrece una verdadera segunda oportunidad idéntica a la primera, porque cada momento es único; por ello, muestra la dificultad de aprender completamente de los errores y la imposibilidad de controlar o repetir las experiencias importantes de nuestra vida.

Estos relatos breves de Lydia Davis puedes escucharlos en YouTube y Spotify. 

 

Dos relatos breves de Lydia Davis

La transformación

No era posible, pero pasó; y no de una manera repentina, sino con gran lentitud, no fue un milagro, sino algo muy natural, a pesar de ser imposible. Una chica de nuestra ciudad se convirtió en piedra. Pero es cierto que tampoco había sido una chica normal antes de eso: había sido un árbol. Sabemos que a los árboles los mueve el viento. Pero en algún momento a finales de septiembre comenzó a dejar de moverse con el viento. Pasaron varias semanas y cada vez se movía menos. Después, nunca se movió. Cuando sus hojas caían lo hacían repentinamente y con sonidos terribles. Caían sobre las piedras y a veces se partían en pedazos y a veces permanecían intactas. Salían chispas donde caían y un poco de polvo blanco alrededor. La gente, aclaro que yo no, recogía las hojas y las ponían sobre manteles. Nunca existió una ciudad como ésa, con hojas de piedra sobre cada mantel. Luego comenzó a cambiar de color: primero pensamos que era por la luz. Algo frustrados, a veces algunos rodeábamos el árbol abriendo y cerrando los ojos, boquiabierto –y tan pocos dientes había entre nosotros que también era algo para verse– y decíamos que era la hora del día o el cambio de estación lo que la hacía verse gris. Pero pronto fue claro que ahora simplemente era gris, así nomás, así como hace unos años tuvimos que aceptar que ahora simplemente era árbol y no una chica. Pero un árbol es una cosa y una piedra es otra. Hay límites en lo que puedes aceptar, incluso cuando se trata de cosas imposibles.

 

Una segunda oportunidad

Si tan solo tuviera la oportunidad de aprender de mis errores, lo haría, pero hay demasiadas cosas que no haces dos veces; de hecho, la mayor parte de las cosas importantes son cosas que no haces dos veces, así que no las puedes hacer mejor la segunda vez. Haces algo mal y luego ves lo que hubiera sido mejor hacer y estás preparada para hacerlo, de presentarse la oportunidad, pero la próxima experiencia es muy diferente y tu juicio de nuevo será erróneo y aunque luego estés preparada para esta experiencia si habría de repetirse, no estás preparada para la experiencia siguiente. Si, por ejemplo, pudieras casarte a los dieciocho años dos veces, la segunda vez podrías asegurarte de que no fueras tan joven para hacerlo, porque tendrías la perspectiva de ser mayor y sabrías que la persona que te aconseja casarte con este hombre te está dando un mal consejo pues sus razones son las mismas que te dio la última vez que te aconsejo casarte a los dieciocho. Si pudieras traer un hijo de un primer matrimonio a un segundo matrimonio por segunda vez, sabrías que la generosidad puede convertirse en resentimiento si no haces las cosas bien y el resentimiento en amabilidad si las haces, a menos que el hombre con el que te cases cuando te cases por segunda vez una segunda vez tuviera un temperamento muy diferente al del hombre con quien te casaste por segunda vez la primera vez, en ese caso tendrías que casarte con ese hombre dos veces para saber cuál sería el mejor camino que tomar al casarse con un hombre de su temperamento. Si pudieras ver a tu madre morirse por segunda vez podrías estar preparada para pelear por conseguir una habitación privada donde no hubiera nadie viendo la televisión mientras ella muere, pero si estuvieras preparada para pelear por eso, y lo hicieras, tendrías que perder a tu madre de nuevo para saber lo suficiente como para decirles que coloquen bien su dentadura y no mal como lo hicieron antes en su habitación y la vieron por última vez sonriendo tan extrañamente, y luego una vez más para asegurarte que sus cenizas no fueran  guardadas de nuevo en esa especie de contenedor de correos aéreos donde la mandaron al norte a un cementerio.

Fuente: Circulo de poesia


Otros cuentos

Si te gustan los cuentos para adultos te recomiendo La hora de los monos de Federico Falco. 

 


martes, 18 de agosto de 2026

La brevedad del asombro | 10 microrrelatos inolvidables


 

10 microrrelatos de grandes autores


Los microrrelatos demuestran que una gran historia puede contarse en muy pocas palabras. En apenas unas líneas, estos relatos cortos son capaces de sorprender, emocionar y dejar al lector reflexionando mucho después de haber llegado al final.

En esta selección encontrarás 10 microrrelatos inolvidables de grandes autores como Rubén Darío, Ernesto Sábato, Julio Torri, y otros escritores que han convertido la brevedad en una auténtica forma de arte. Cada historia ofrece un giro inesperado, una reflexión o una imagen inolvidable que confirma que, en literatura, no siempre hace falta escribir mucho para decirlo todo.

Si te apasionan los cuentos breves, la literatura y las historias con finales sorprendentes, esta recopilación es una invitación a descubrir el enorme poder de las palabras cuando se utilizan con precisión. También puedes escucharlos en YouTube y Spotify.

 

La brevedad del asombro

El nacimiento de la col

Microrrelato de Rubén Darío

En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.

-Eres bella.

-Lo soy -dijo la rosa.

-Bella y feliz – prosiguió el diablo-. Tienes el color, la gracia y el aroma. Pero…

-¿Pero?…

-No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas? Ésos, a más de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco…

La rosa entonces –tentada como después lo sería la mujer- deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.

Pasó el buen Dios después del alba siguiente.

-Padre –dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza-, ¿queréis hacerme útil?

-Sea, hija mía –contestó el Señor, sonriendo.

Y entonces vio el mundo la primera col.


El emigrante

Microrrelato de Luis Felipe Lomelí

- ¿Olvida usted algo? - Ojalá.


70 (La sueñera)

Microrrelato de Ana María Shua

Con una mueca feroz, chorreando sangre y baba, el hombre lobo separa las mandíbulas y desnuda los colmillos amarillos. Un curioso zumbido perfora el aire. El hombre lobo tiene miedo. El dentista también.


Primicia 

Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano

Vio la noticia de su muerte en el periódico. Había sido el primero en darla desde el cielo.


Armisticio

Microrrelato de Juan José Arreola

Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación. Me desentiendo de todos los invasores en cuerpo y alma. Nos veremos las caras en la tierra de nadie. Allí donde un ángel señala desde lejos invitándonos a entrar: Se alquila paraíso, en ruinas.


Pelo de perro

Microrrelato de Lydia Davis

El perro se ha ido. Lo echamos de menos. Cuando suena el timbre, nadie ladra. Cuando volvemos tarde a casa, no hay nadie esperándonos. Seguimos encontrándonos pelos blancos aquí y allí por toda la casa y en nuestra ropa. Los recogemos. Deberíamos tirarlos. Pero es lo único que nos queda de él. No los tiramos. Tenemos la esperanza de que si recogemos suficiente pelo, seremos capaces de recomponer al perro.


Sola y su alma. 

Microrrelato de Thomas Bailey Aldrich

Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay más en el mundo: todos los seres han muerto. Golpean a la puerta.


Narcisa

Microrrelato de Luisa Valenzuela

Como quien mira por la ventana del bar, miro la ventana. El tipo que me ve desde afuera entra para interpelarme.

–Me gustás.

–Lo mismo digo.

–¿Yo también te gusto?

–Nada de eso, me gusto yo. Me estaba mirando en el reflejo.


¿Y tú quién eres?

Microrrelato de Francisco Rodríguez Criado

Allí estaba, huesudo, esclavo de los dolores y desmemoriado, y aun así afable con quienes íbamos a achucharle un poco. Cada vez que me veía entrar decía que yo debía de ser buena persona. Y acto seguido, sonriente, me preguntaba quién era yo.

–No lo sé, aún no lo sé… Escribo libros para intentar averiguarlo.

Y, apurando aquellos últimos jirones de vida, mi padre redoblaba la sonrisa y me cogía afectuosamente la mano.

 

Lenguaje

Microrrelato de Ernesto Sábato

El lenguaje comienza siendo un simple gruñido para designar todas las cosas; luego se va diversificando y especializando; este proceso se llama enriquecimiento y es alentado por los padres y profesores de lenguas.

Pero cuando se llega a tener cien o doscientas mil palabras, se encuentra que el ideal consiste en expresarse con diez o veinte. El lenguaje del filósofo es muy reducido: objeto, sujeto, materia, causa, espacio, tiempo, fin y alguna otra más.

Si lo apuran mucho se arregla con una sola palabra, como apeirón o sustancia.

Es probable que el ideal de muchos filósofos sea terminar finalmente en el gruñido único y monista.

 

Otros microrrelatos

Si te gustan los microrrelatos, te recomiendo Los 10 mejores microrrelatos de la historia (Borges, García Márquez y más).

 

El piano viejo de Rómulo Gallegos

Rómulo Gallegos A continuación, te presento El piano viejo de Rómulo Gallegos. La historia narra la vida de Luisana, una mujer considerada ...