Alejandro Jodorowsky
A continuación,
me gustaría compartir algunos Fragmentos de El tesoro de la sombra por
Alejandro Jodorowsky. Este libro recopila cerca de 200 historias breves,
fábulas, aforismos y reflexiones. A través de ellas, el autor invita a un viaje
introspectivo para explorar nuestro lado oscuro y enfrentar nuestros miedos
internos. El título El tesoro de la sombra y su sinopsis me recuerdan a la
teoría de la sombra de Carl Gustav Jung, ya que ambos plantean la idea de
explorar nuestro lado oscuro y enfrentar los miedos internos para conocernos
mejor. La “sombra” representa aquellas partes de nosotros que reprimimos o
evitamos ver, y el libro parece mostrar que justamente en esa oscuridad puede
encontrarse un “tesoro”: crecimiento personal, autoconocimiento y
transformación interior. Estos fragmentos puedes escucharlos en YouTube y
Spotify.
En
cuanto al autor de este libro, Alejandro Jodorowsky, es un artista, escritor y cineasta chileno-francés conocido por
su carrera multidisciplinar, sus obras surrealistas y por crear la psicomagia,
una técnica que une arte y misticismo.
Fragmentos de El tesoro de la sombra
Ideal loco
Un arquero quiso cazar a la luna. Noche tras
noche, sin descansar, lanzó sus flechas hacia el astro. Los vecinos comenzaron
a burlarse de él. Inmutable, siguió lanzando sus flechas. Nunca cazó a la luna,
pero se convirtió en el mejor arquero del mundo.
Arte marcial
Una vez le preguntaron a un guerrero
invencible por qué se paseaba por las calles con un aire tan humilde. Mostró
una mano extendida y contestó: “Mis dedos son cinco señores. Estos cinco
señores se inclinan ante mí”. Fue cerrando la mano hasta convertirla en un
puño. “Mientras más humildes se hacen, más fuerza me dan”.
Adán, poeta
Quiso decir “fuego”, le salió una llamarada
por la boca. Con terror dijo “abejas”, vomitó un enjambre. Ya más cauteloso
murmuró “trigo”, la lengua se le cubrió de semillas. Estuvo tentado de decir
diamantes, perlas, oro, pero aquello se le mezcló con tarántulas, tigres,
excremento. Después de horas de mudez, concretando sus ensueños, exclamó
“¡Eva!”. Le vino un dolor atroz a las mandíbulas, la boca se le fue abriendo de
más en más. Mientras una cabeza provista de abundante cabellera comenzaba a
surgir partiéndole los dientes, fue perdiendo la respiración y luego la
conciencia. El cuerpo de la hermosa mujer, formada con los huesos y la carne de
aquel primer hombre, surgió de la piel vacía.
Ser y parecer
Aquella sombra trabajó esforzadamente la mayor
parte de su vida, privándose de lujos y placeres. Al fin reunió la suma que
necesitaba para comprarse un cuerpo de carne y hueso. Con gran orgullo se lo
pegó en los pies y lo obligó a hacer todo tipo de actividades inútiles sólo
para lucir su posesión ante las demás sombras que, cansadas de manejar tantos
años sus cuerpos, los movían siguiendo un diagrama de gestos banales y fáciles
de ejecutar.
La libertad
El hombre libre tenía junto a su camino mil
otros caminos. Aunque podía elegir cualquiera de ellos, no lo hizo. Siguió por
donde iba.
Pesadilla
El viejo sabio se despertó lanzando un
alarido. Había soñado que la realidad era real.
Un cobarde
Para esconderse de su enemigo caminó toda su
vida detrás de él.
Cuento de hadas
Una rana que lleva una corona en la cabeza le
dice a un señor: “Béseme, por favor”. El señor piensa: “Este animal está
encantado. Puede convertirse en una hermosa princesa, heredera de un reino. Nos
casaremos y seré rico”. Besa a la rana. Al instante mismo se encuentra
convertido en un sapo viscoso. La rana exclama, feliz: “¡Amor mío, hace tanto
tiempo que estabas encantado, pero al fin te pude salvar!”.
Inversamente proporcional
Un señor utiliza sus energías en coleccionar
objetos. Otro decide eliminar los que tiene. Cuando no le quedan objetos
materiales, comienza a eliminar movimientos, ideas, recuerdos, sentimientos,
que considera innecesarios. Llega a una inmovilidad completa. El coleccionista
lo recoge para colocarlo en un gran armario entre sus otros objetos.
Dentrofuera
Iba atravesando el desierto. No sabía si el
cuerpo que lo llevaba era suyo. No necesitaba darle órdenes: avanzaba en línea
recta, dando pasos regulares, siempre con el mismo ritmo. La extensión de arena
llegaba hasta el horizonte. Sentía la garganta reseca y la lengua hinchada,
pero ese dolor no era suyo. Se había despertado bruscamente dentro de un
organismo ajeno que marchaba desnudo por el desierto. Quizás durmiéndose otra
vez lograría escapar. Trató. Imposible. Quiso que los pasos cesaran. Tampoco pudo.
Luchó por concentrarse en un solo átomo para tocar cada vez menos aquella
prisión de carne. Así lo hizo. Al cabo de recorrer innumerables kilómetros, el
cuerpo estornudó. Salió disparado por la nariz. Millares de millones de metros
cúbicos de arena lo tragaron. Ahora, su cárcel era ese desierto infinito,
plano, sin plantas ni animales, con un solo cuerpo humano recorriéndolo en
línea recta.
Ausencia
—Maestro, ¿dónde está Dios?
—Aquí mismo.
—¿Dónde está el paraíso?
—Aquí mismo.
—¿Y el infierno?
—Aquí mismo. Todo está aquí mismo. El
presente, el pasado, el futuro, están aquí mismo. Aquí está la vida y aquí está
la muerte. Es aquí donde los contrarios se confunden.
—¿Y yo dónde estoy?
—Tú eres el único que no está aquí.
Fuente: Latin American Literature Today
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